Viajar en este colectivo...
Algunos colectivos fueron hechos para probar la paciencia de algunos individuos. Así que si en algún momento pediste paciencia, estate seguro de que en tarde o temprano tu vida va a depender de un viaje en el colectivo 80.
Si, yo tuve que esperarlo muchos días de mi vida en la en la Avenida Beiró y Allende. De pensarlo ya me agarran escalofríos.
El 80 es el peor castigo que le puede pasar a uno que no tiene auto. Y yo creo que los conductores son enviados por el mismísimo ex Lucifer.
A la mañana pasan de largo sin un rasgo de culpabilidad por dejarte careta parado mientras todo tu cuerpo se convulsiona a causa de la humedad traspasando los tejidos textiles de tu ropa. Cuando sí paran, se pueden dar situaciones como ésta:
Lunática viaja parada casi pegada al conductor mientras intenta sujetarse de algo o de alguien para no caerse –la gente ya estaba de bastante malhumor-. Al lado de ella viaja un trabajador con su respectivo bolso de trabajo. El pasillo se encuentra atascado de gente sin la mínima intención de moverse, cuando dicho trabajador vislumbra que su parada se acerca. Mira hacia la dirección donde se encuentra la puerta trasera y las caras de la gente transpirando irritación lo llevan a tomar la decisión de hacer dos pasos y pedirle al chofer “parada por favor” para salir por la puerta delantera.
Nadie se espera que el chofer de niegue cuando es mas que obvio que el camino hacia la puerta trasera haría que el pobre hombre se pasara por diez cuadras.
El hombre le pide una vez más, bolso en mano:
-Por favor chofer, no llego a la puerta de atrás.
-No puedo abrir la puerta, porque el colectivo está lleno y si abro la puerta se meten todos los de afuera y bla.
-Pero dale flaco, mira acá me tengo que bajar, dale flaco!
-No, tenés que bajar por la puerta de atrás.
-Abríme o te rompo la cara!
Todos: (?)
-Hace lo que quieras pero te bajás por atrás.
-Abrí o te rompo a piñas el micro.
-Ábrale chofer! Déjelo bajar!
La discusión se puso caliente y el hombre empezó a patear cosas alrededor, pero el chofer no cedía. Las cosas se ponían feas, especialmente para los pasajeros quienes temían que la cosa se violentara y chofer perdiera el control del vehiculo, poniendo en peligro a todos!
Finalmente, diez paradas después, el hombre no le había pegado al chofer pero estaba con una bronca olorosa, el chofer abrió la puerta y el hombre se bajó. Gracias a que el colectivo tuvo que parar por el semáforo, el hombre tomó el tiempo para agarrar una piedra grande y lanzarla a la ventana frontal del colectivo. El vidrio se cristalizó pero el chofer no pareció inmutarse. Acto seguido el hombre tomó otra piedra y la lanzo a la ventana ubicada al costado, en el perfil del chofer, los vidrios volaron para adentro del colectivo y por encima de la cabeza de Lunática, quien finalmente grito:
-Chofer tonto! NO te das cuenta que por tu testadurez casi se me estallan los ojos.
Y si, uno más de los peligros de vivir en la Tierra

Foto del colectivo por el